Estimado detective,
Me congratula tener noticias de usted. Empezaba a preocuparme la idea de que estuviera demasiado inmerso en sus investigaciones sobre las diferentes calidades de whisky entre los tan distinguidos bares españoles que usted frecuenta…
Por otro lado, me alegra sobremanera saber que mi carta le produjo enormes carcajadas, pero me preocupa que éstas pudieran llevarle directo al hospital. Me hace pensar que igual usted esté perdiendo la frescura que el género de aventuras es capaz de darnos y prefiera melodramas mal llevados, lentos y previsibles como Celda 211. Tenga cuidado querido, le veo recto a convertirse en uno de esos gafapastas que usted tanto critica…
Pero ya que le gusta el género lento y dramático, hoy le contesto con otra de romanos que tuve la oportunidad de ver este fin de semana: Ágora. A diferencia de usted, puedo cambiar fácilmente de registro y apreciar diferentes estilos sin pudor, sin ir más lejos de lo que cada uno tiene intención de ofrecerme.
La película está ambientada en los tiempos convulsos que se vivieron en la Alejandría del siglo IV, cuando Egipto estaba bajo el Imperio Romano. Así, destacan las revueltas religiosas y políticas, que van acorralando poco a poco a los iluminados obsesionados por la filosofía.
Ágora deja para la historia del cine español la sensación de indignación producida por la quema de la biblioteca de Alejandría por los bárbaros, al igual que las excepcionales divagaciones de su protagonista, la filósofa Hipatia, brillantemente interpretada por Rachel Weisz.
La película es una sucesión de eventos que van atrapando la cultura entre muros de fanatismo, en esta ocasión, encarnado por los cristianos, ¿no le produce cierto temor con los tiempos que corren?
Sabe bien que me gustan los buenos finales y, en esto, Amenábar no falla. Nos dedica un desenlace con sabor a Mar Adentro, algo lacrimógeno y manido, pero que (para variar) logró arrancar las lágrimas de esta fiel seguidora. ¿Será que estoy muy sensible? Sin embargo, cuando esto me sucede, considero que es una prueba irrefutable de que me encontraba justo donde debía estar: dentro de la historia.
Sin más, me despido, para que desangre mis palabras con su audaz ingenio.
Suya siempre y en cualquier género,
Madame Olenska